lunes, 13 de octubre de 2008

[1980] " MÚSICA ESPIRITUAL DE CHELO"






























Creo en tu cuerpo,
que huele a sombras, como las palmeras de Judea,
y en tu hermosa cabeza donde ha llovido
un ébano muy brillante.
Y creo en un címbalo que clama desde tu lengua,
congregando un rebaño de gacelas
al oasis de la primera estrella.
Porque tienes bajo la túnica blanca
un oficio de pastora que guarda la llave
de mi memoria llena de corderos y lloros,
de esquilas como una lluvia a chorros
de sangre pálida del alma.

¡Pero no te acerques nunca
a los bordes del monte que hay en mi corazón!
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Me han dolido las últimas palomas de los dedos,
con el rumor del árbol que me crece
en la sangre.

Ya sabía del agua de mis brazos,
mirando a la lejana azulescencia
inútilmente;
sabía que es muy alta tu boca blanca
para alcanzar el caudal de la oscura estrella
donde mana tu voz.

Pero no sabía del tiempo maduro de mis ramas,
que se crece doloridamente,
y hasta caen las hojas de los astros.
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Di Gólgota
o di pájaros fríos de septiembre.

Con tu corona blanca y su luz hermosísima,
humilde hasta brotar un arcángel gabriel;
Con tu palabra cándida, tu voz;
Con tu cuerpo desnudo en los salmos;
Con tus manos cananeas
de múltiples peces
para nadar mi olvido;
Con el azul
de tu blusa
siquiera.

Agarrándome, amor, a tu sombra,
todavía sostengo tu nombre.
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1 comentario:

Montse de Val dijo...

¡Qué bonita poesía compañero! ¡Cuánta sensibilidad!